DOMICILIARIA AL PARTERO DE LA ESMA

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La prisión domiciliaria dictada en favor de Carlos Capdevila, un médico que ofició de partero en el centro clandestino de detención que funcionó durante la última dictadura militar en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), provocó el repudio de la representante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas. “Me molesta profundamente”, remarcó la referente de la lucha por los Derechos Humanos en Argentina.

“Que les den lavandina y limpien su calabozo. Si los tienen bien aislados no tienen por qué bajarles la condena”, comentó Cortiñas, a horas de cumplirse los 43 años de las célebres rondas de las Madres en Plaza de Mayo.

La decisión del juez Daniel Obligado de mandar a su casa al genocida se fundamentó en que el condenado por crímenes de lesa humanidad es un preso de los considerados de riesgo debido a la pandemia de coronavirus.

“Nuestros desaparecidos siguen desaparecidos. La condena la tienen, tuvieron juicios a derecho, a veces ni les dieron la pena que se merecían. Y si tienen miedo porque están hacinados en la cárcel que los separen y les den lavandina, jabón y alcohol en gel para que mantengan su higiene”, consideró Cortiñas, de 90 años, madre de Gustavo, desaparecido en abril de 1977 en la estación de trenes de Castelar.

Para la referente de los DDHH, la Justicia debería determinar “aislarlo debidamente” en lugar de mandar a Capdevila a su casa. Capdevila fue condenado por varios hechos de apropiación indebida de menores, también por aplicación de tormentos y otros delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. En enero de 1993, la Armada inició un expediente con su caso.

Ante el pedido del represor Capdevila, el fiscal Leonardo Filippini se opuso a concederle el arresto domiciliario pero finalmente el juez se lo otorgó bajo otros argumentos. El fiscal había considerado que en el lugar de detención dónde se encontraba Capdevila estaba bien atendido.

“La Justicia está medio equivocada. No tiene en cuenta que hubo juicios, que se cometieron crímenes horrorosos de lesa humanidad, que nos siguen ofendiendo además del daño que hicieron”, luego Cortiñas insistió: “Tienen que cumplir la condena completa, para eso luchamos tantos años”.

Capdevila cuenta con al menos tres condenas por violación a los derechos humanos, todas cometidas en el centro clandestino de detención que funcionó en la ESMA. El genocida recibió en 2011 una condena a 20 años de prisión sumada a otra de 15 años también por delitos de lesa humanidad y otra de 10 años de prisión.